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María Monteagudo: la enfermera solidaria

María Monteagudo está jubilada pero su actividad solidaria no se detiene. Gracias a los modestos recursos que le aportan sus compañeros desarrolla proyectos en Latinoamérica.

En los últimos años sus esfuerzos se han centrado en la aldea de Los Limones-Dolores (Guatemala), donde viven unas 650 personas, la mayoría indígenas, en unas condiciones difíciles de imaginar en este siglo. No hay electricidad, apenas hay agua corriente y la desnutrición hace estragos.

Con la ayuda de muchas buenas voluntades, Monteagudo ha conseguido, por ejemplo, mejorar muchas de las casas, inicialmente construidas de lodo y una especie de palma; hacer letrinas y hasta un  puente colgante para poder sortear, por fin, el río que separa una parte de la aldea de otra.

Del mismo fondo sale el dinero para becar a algunos de los niños que terminan la escuela y deben irse a vivir a otro pueblo para poder hacer la secundaria.

Ha creado, además, una especie de taller de informática y mecanografía para los niños con unas máquinas y ordenadores que le regalaron. Los encienden sólo una hora al día gracias a una planta diésel.

Tal vez de lo que siente mayor satisfacción es de haber conseguido garantizar una atención sanitaria básica. Era su primera preocupación cuando descubrió esta realidad de la mano del Comité Óscar Romero.